Recientemente, la Tax Foundation publicó el ranking de competitividad tributaria de 2018, el cual ubica a Chile en el puesto 31 de 35 países de la OCDE, reflejando que, en el contexto internacional, nuestro sistema tributario es poco competitivo.

En una reciente publicación del Instituto Libertad y Desarrollo (LyD) se da a conocer el informe “Competitividad tributaria: Chile al debe”.

LyD recuerda  que Chile se ubica en el lugar 31 de 35 países de la OCDE, de acuerdo al índice “International Tax Competitiveness Index 2018”, recientemente publicado por la Tax Foundation. Ello, refleja la necesidad de avanzar en el proyecto de ley de Modernización Tributaria presentado recientemente al Congreso.

A continuación, LyD afirma que como el nombre lo dice, este proyecto contiene un sinnúmero de ajustes propuestos para nuestro sistema tributario con el objeto de simplificarlo, facilitarlo, modernizarlo, dotarlo de mayor certeza y transparentarlo. Asimismo, introduce medidas para acelerar el proceso de recuperación del gasto en capital, a través de la depreciación más acelerada, o incluso instantánea.

Luego, asegura que un sistema tributario mal estructurado dificulta y desincentiva el pago de impuestos, distorsiona las decisiones económicas tanto de consumidores como de trabajadores y productores, reduciendo los recursos disponibles para la autoridad fiscal. A esto se suma el impacto que los impuestos tienen en el crecimiento -el cual fue decepcionante en los últimos cuatro años (1,7% promedio)- y en la inversión -que disminuyó por largos 4 años (-1,7% promedio)-, afectando negativamente el crecimiento tendencial de la economía.
Numerosos países de la OCDE ya han reconocido estos efectos negativos en la economía y, finalmente, en el bienestar de las personas, por lo que han adoptado medidas al respecto, indica.

Los impuestos no son neutros

LyD asevera que varios estudios económicos han encontrado suficiente evidencia empírica que respalda el impacto negativo de los impuestos en actividad, inversión y, finalmente, en empleo -incluso corrigiendo por el impacto del mayor gasto de Gobierno-. La misma OCDE estima que el impacto en el crecimiento depende del tipo de gravamen: los impuestos corporativos serían los que generan mayor impacto negativo, seguidos por los impuestos a los ingresos personales, los impuestos al consumo y, finalmente, a la propiedad. 

Este ranking, explica, se justifica en el hecho que primero hay que generar riqueza para que luego ésta sea consumida, por lo que aquellos impuestos que afectan la capacidad de generar riqueza en la economía (como al capital o trabajo) impactan su creación.

Sólo en 5 de los últimos 20 años Chile ha crecido menos que el mundo

Enseguida LyD arguye que comparando nuestro crecimiento económico con el del mundo, se observa que Chile no se escapa a esta realidad: sólo en 5 de los últimos 20 años Chile ha presentado un crecimiento menor al del resto del mundo, cuatro de esos años corresponden al período en que se discutió, aprobó e implementó la reforma tributaria (2014-2017). Incluso hay que destacar que en períodos en los que el resto del mundo ha presentado una desaceleración importante, como lo fue en el año 2009, Chile logró experimentar una menor desaceleración.

Competitividad tributaria: Tax Foundation

LyD destaca que con el objetivo de evaluar anualmente la posición relativa de cada país en términos de competitividad tributaria, la Tax Foundation publica anualmente el “International Tax Competitiveness Index” (ICTI), correspondiente a un índice que mide más de 40 variables relacionadas con la estructura del sistema tributario en 35 países de la OCDE, agrupadas en impuesto: i) corporativo; ii) individual; iii) al consumo; iv) a la propiedad; y v) a los ingresos generados en el exterior.

Chile sigue en los últimos lugares

A su vez, LyD expone que aun cuando en el ICTI18 Chile mejora dos puestos respecto del año previo, explicado principalmente por la reducción de 40 a 35% de la tasa marginal del impuesto personal, nuestro país continúa ubicándose en el último quintil de la muestra: lugar 31 de 35. Esto se explica porque en tres de las cinco categorías, Chile se ubica en los últimos lugares del ranking. 
Parte importante de esta mala evaluación explica que es por la elevada tributación que presentan las empresas en Chile, así como por el alto costo en el tiempo requerido al año para pagar los tributos. Este diagnóstico también es compartido por el Banco Mundial, ya que en su reporte “Doing Business 2019”, que mide la facilidad para hacer negocios, posiciona a Chile en el puesto 76 de 190 en el área de Pago de Impuestos. 

Esta posición, continúa, se debe a que en Chile se requieren 296 horas anuales para pagar los impuestos -versus 159,4 horas promedio en la OCDE- y se destina el 34% de las ganancias a pagar impuestos, lejos de las economías con mejor desempeño y menor carga tributaria (26,2%). 

Respecto del impuesto corporativo, este impuesto tiene un impacto importante sobre la inversión y el stock de capital en las pequeñas y medianas empresas , lo que se traduce en menores niveles de inversión y capacidad productiva a futuro. 


En el ICTI18 Chile se ubica en el último quintil: lugar 30 de 35. Dentro de los componentes de esta evaluación, destaca que se mantiene en el último lugar en la tabla en el ítem que mide la capacidad de recuperar el gasto en inversión en capital en maquinarias, edificios e intangibles.

En cuanto a los impuestos personales, imponer mayores impuestos a las personas desincentiva la generación de estos ingresos, particularmente cuando son el fruto de su esfuerzo. Así, se reducen los incentivos a trabajar y a invertir, con sus consecuentes efectos negativos en sus propios niveles de ingresos futuros y bienestar.


Chile está en el cuarto quintil al ubicarse en el lugar 22 de 35. En este componente, destaca la buena posición en el ítem relacionado con la estructura de impuestos al ingreso, explicado por la reducción de la tasa marginal de 40 a 35%, aplanando la estructura de la curva de impuestos. Asimismo, destaca la ubicación en el último quintil en el ítem relacionado con la complejidad, esto es, horas destinadas a cumplir con el pago de este impuesto, estimada en 125 horas (lugar 29 de 35).

En lo que se refiere al impuesto al consumo, Chile se ubica en el quinto quintil (29 de 35). Este resultado proviene de una evaluación disímil de este impuesto. Por un lado, destaca en la amplia base a la cual se le aplica el impuesto, al cubrir el 63% del total del consumo -ubicándose en el puesto 3 de 35- mientras por otro lado, se ubica en el último lugar dado el elevado grado de complejidad al tomarse 124 horas al año para cumplir con esta obligación.
Chile sigue destacando por ser de los pocos países que no tiene un umbral exento de IVA.

De acuedo a Lyd que algunos impuestos a las propiedades son distorsionadores y pueden ser altamente complejos: el impuesto a la herencia crea desincentivos contra el trabajo y el ahorro adicional; el impuesto a las transacciones financieras incrementa el costo de capital, limitando el flujo de la inversión hacia su ubicación más eficiente; el impuesto a la riqueza limita el capital disponible en la economía, afectando el crecimiento de largo plazo y la innovación.
En esta materia, Chile se ubica en el tercer quintil (lugar 16 de 35), en donde destaca la relativa buena ubicación en lo concerniente a las transacciones de capital y a los impuestos al patrimonio. 
Sin perjuicio de lo anterior sostiene que existe espacio para introducir ulteriores mejoras en nuestra regulación con el fin de eliminar impuestos a las ganancias de capital que hoy persisten en nuestra legislación respecto de determinadas transacciones (no así respecto de otras que por ley se encuentran exentas) y que terminan afectando, mayormente, a dueños de empresas pequeñas o medianas o que no transan en la bolsa, sin que ello tenga una justificación sostenible en la actualidad.

Además, LyD detalla el impuesto a las rentas desde el exterior. A nivel internacional se observa una tendencia creciente a moverse desde un sistema de impuesto que se aplique a todos los ingresos generados en el exterior (mundial) hacia un sistema que grave sólo a los ingresos generados al interior de las propias fronteras (territorial). De esta forma, las empresas sólo pagan impuestos en el país donde generan el ingreso. Así, los países de la OCDE que están en el sistema mundial se han reducido de 20 a 5 desde 1990, entre los cuales estaría Chile.
LyD lamenta que Chile se ubica en el último lugar en la tabla de posiciones por dos elementos: las reducidas excepciones a gravámenes de dividendos y ganancias de capital (lugar 32 de 35); y a la más elevada tasa de retención (de 35%) a las remesas de capital, así como a la menor cantidad de tratados firmados actualmente, los cuales alcanzan sólo a 32 (lugar 35 de 35). En el otro extremo, destaca el buen desempeño en el ítem regulación (puesto 9 de 35). 

Por último, concluye que el proyecto de Modernización Tributaria presentado recientemente por la autoridad fiscal incluye una serie de elementos que vienen a simplificar, facilitar y transparentar el sistema tributario actual, el cual, de acuerdo a estudios comparativos internacionales, es poco competitivo en el contexto internacional. En ese sentido, recomienda que hay que hacer mucho trabajo. Chile se mantiene como uno de los países con la carga tributaria a las empresas más alta del grupo de la OCDE.

FUENTE:
www.diarioconstitucional.cl